AXN MOVIES

Publicado el 14 de mayo de 2026

El cine de los 90 reclama su sitio entre las grandes décadas de Hollywood

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Marina Such

Periodista especializada en series, aunque en otra vida también escribió sobre baloncesto y astronomía.

Blockbusters espectaculares, estrellas en la cima de su popularidad y thrillers inteligentes, además de las comedias románticas, llevaron a las películas de los 90 a lo más alto.

En los últimos años, han ido apareciendo diferentes artículos que sostienen que los 90 fueron la última gran década para el cine de Hollywood. Apuntan que fueron los últimos años en los que los estudios no solo producían grandes superproducciones, sino que también se preocupaban por proyectos de presupuesto medio dirigidos al público adulto y lo mismo estrenaban comedias románticas que dramas legales o remakes de Godzilla (1995) pasados por el recelo y la angustia que empezaron a sentirse a finales de la década, cuando se aproximaba el cambio de milenio. No en vano, para ciertos críticos, 1999 fue uno de los mejores años de la historia con los estrenos, entre otras, de American Beauty, Matrix, El club de la lucha, El sexto sentido o Todo sobre mi madre. También fue el año en el que se estrenó Star Wars Episodio I: la amenaza fantasma, preludio de cómo sería Hollywood en los siguientes años.

Hasta entonces, los 90 vieron la presentación en sociedad de cineastas como David Fincher, Quentin Tarantino o Paul Thomas Anderson, asistieron al ascenso del cine independiente estadounidense a la cima gracias a la enorme popularidad que ganó el Festival de Sundance y al empuje de productoras como Miramax, fundada por los hermanos Harvey y Bob Weinstein. La década arrancaba, de hecho, con un Oscar a la mejor película tan atípico como el que ganó El silencio de los corderos (1991), un thriller con toques de terror, oscurísimo, por el que nadie apostaba cuando se estrenó en el Festival de Berlín y que acabó siendo la punta de lanza de todo un subgénero de asesinos en serie inteligentes y espectaculares.

La última era de las estrellas

La cinta de Jonathan Demme tampoco contaba con grandes estrellas de Hollywood al frente; Jodie Foster sí era una veterana de la industria, pero Anthony Hopkins se convirtió en famoso a raíz de Hannibal Lecter, en alguien capaz de llevar al público al cine solo con que su nombre apareciera en el póster. Así, por ejemplo, era Will Smith, cuya sola presencia podía convertir a la acción de Dos policías rebeldes (1995) en un taquillazo con varias secuelas. Además, era una muestra de la vitalidad del cine hecho por cineastas afroamericanos, con John Singleton y Spike Lee a la cabeza.

También Bruce Willis estaba en lo más alto de su estrellato. Atraía al público a películas como Al rojo vivo (1998) que, además, trataban el clima de desconfianza y paranoia que la sociedad estadounidense sentía hacia su gobierno en aquellos años, del que se habían destapado públicamente las diferentes operaciones secretas que la CIA había estado realizando para derrocar a gobiernos latinoamericanos que no convenían a sus intereses. Willis interpretaba a un agente del FBI que debía proteger a un niño autista que descifraba un código secreto, lo que lo situaba en la diana por parte de la Agencia de Seguridad Nacional. Y esa misma sensación de que el gobierno ocultaba cosas y mentía para preservar sus propios intereses se notaba en Poder absoluto (1997), dirigida y protagonizada por Clint Eastwood como un ladrón que, por accidente, veía cómo el presidente de Estados Unidos asesinaba a su amante.

Es una película que, de paso, representa a esos thrillers de falsos culpables que también tuvieron su momento en los 90, sobre todo a partir del éxito de El fugitivo (1993). Versión de una clásica serie de televisión de los 60, Harrison Ford era un médico acusado del asesinato de su mujer que huía del transporte que lo llevaba a la cárcel. Tras él iba el equipo de marshals dirigido por el personaje de Tommy Lee Jones, que llegó a protagonizar su propia película (U.S. Marshals).

Cuando la realidad entra en las películas 

Los 90 también fue la década en la que Hollywood se fijó en los problemas que tenía el ejército de Estados Unidos, con Algunos hombres buenos como el ejemplo más claro. Fueron los años de la primera guerra del Golfo (la operación Tormenta del Desierto), de la doctrina “no preguntes, no lo cuentes” con respecto a la presencia de personal LGTBIQ y de diferentes escándalos de abusos sexuales. A ese clima respondía La hija del general (1999), con un John Travolta resucitado en su carrera gracias a Pulp Fiction. Interpretaba a investigador militar que iba tras la pista de una trama de robos y venta ilegal de armas en diferentes bases cuando se le encarga investigar qué hay detrás de la brutal agresión y asesinato de la hija del un respetado general, también capitana del ejército.

Muchos de los temas que interesaban al cine en aquellos años terminarían cristalizando en el 11-S, que para muchos analistas es el verdadero arranque del siglo XXI. Las películas de acción sobre tramas terroristas de fundamentalistas islámicos eran bastante habituales y podían tener repartos como el de Estado de sitio (1998), liderado por Denzel Washington, Annette Bening y Bruce Willis. Los tres participaban en un thriller en el que Nueva York se veía asediada por diferentes atentados después de que el ejército secuestrara a un líder religioso musulmán. Los árabes eran los villanos hasta en comedias de acción como Mentiras arriesgadas, sustituyendo a los soviéticos, que habían pasado a un segundo plano tras la caída del Muro de Berlín y la disolución de la URSS.

El cine de aquella década era variado y, aunque también había secuelas y adaptaciones de otros medios, apostaba más por las ideas originales con potencial de llegar a todos los públicos.

Así es el especial “Cine de los 90” de AXN Movies

  • 6 de mayo: Dos policias rebeldes / Godzilla
  • 13 de mayo: El silencio de los corderos / Al rojo vivo
  • 20 de mayo: La hija del general / Poder absoluto
  • 27 de mayo: Estado de sitio / El fugitivo