Ambición, corrupción y luchas sin piedad por el poder. Esas son las piedras fundacionales de ‘House of Cards’, la serie producida por David Fincher que mostró el lado más oscuro de quienes quieren llegar a la Casa Blanca.
House of Cards
Si hay que utilizar una palabra para describir House of Cards, esa sería ambición. Los viernes en AXN van a girar alrededor de esa emoción. Y no solo la que impulsa a su protagonista, Frank Underwood, en su deseo de llegar a la Casa Blanca, sino la que motivaba también a la propia serie, una de las primeras producciones originales que estrenó Netflix, en 2013. La historia de cómo Frank y su mujer, Claire, mueven Roma con Santiago para conseguir el poder que tanto ansían, dejando todo tipo de cadáveres a su paso (algunos, de manera literal), se convirtió en una de las más seguidas en la década de 2010, y también de las más controvertidas por circunstancias externas a ella.
Lo más destacado de la ficción son los nombres que estaban detrás. Por un lado, el director David Fincher, que venía de rodar La red social y la adaptación hollywoodiense de Los hombres que no amaban a las mujeres, de Stieg Larsson, a quien una productora independiente que estaba empezando a llamar la atención, MRC, le propuso el proyecto con la intención de hacer directamente una serie, algo que al cineasta le interesó por la capacidad de la narración larga seriada para profundizar en los personajes. Por el otro, sus dos protagonistas principales, Kevin Spacey y Robin Wright. Spacey había trabajado con Fincher en uno de los papeles que lo lanzó a la fama, el asesino en serie de Seven, y se había labrado una carrera de actor reputado que incluía protagonizar Ricardo III, de William Shakespeare, en el teatro y hasta ser el director artístico del londinense Old Vic. Wright, por su parte, había capitalizado sus papeles en La princesa prometida o Forrest Gump para convertirse en una actriz muy respetada.
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Los orígenes de ‘House of Cards’
La historia de los Underwood, sin embargo, no empieza en 2013, sino que hay que remontarse más atrás, a finales de los 80, para encontrar su origen, en un libro escrito por Michael Dobbs, jefe de gabinete de Margaret Thatcher muy desencantado con la política y, especialmente, con la primera ministra británica. Un año más tarde, el guionista Andrew Davies lo transformó en serie para BBC, con Ian Richardson como el whip de los conservadores en el Parlamento británico tras la dimisión de Thatcher. Esa figura representa a un parlamentario que se asegura que los demás mantienen la disciplina del partido en las votaciones, pero Francis Urquhart se siente frustrado porque sus ambiciones políticas no se ven recogidas por sus superiores, a pesar de sus promesas, por lo que empieza a maniobrar en la sombra para conseguirlas.
La serie de BBC tuvo dos continuaciones, To Play the King y The Final Cut, y durante mucho tiempo fue considerada una de las mejores ficciones políticas de siempre. Además, su protagonista rompía a menudo la cuarta pared, hablando a cámara para compartir con el público sus pensamientos y sus comentarios sarcásticos sobre la gente a la que manipulaba a su antojo. Era, ciertamente, un concepto perfectamente adaptable a Estados Unidos, cuya television había visto en 2006 el final de El ala oeste de la Casa Blanca, la serie de Aaron Sorkin que ofrecía una mirada idealizada al presidente del país, y en 2012 tendría el estreno de Scandal, producción de Shonda Rhimes donde el idealismo daba paso a una fixer política que se movía entre la corrupción y el cinismo.
Ese cinismo, y un pragmatismo frío y amoral, se multiplicarían por diez en la House of Cards de Netflix, que abriría en 2013, junto con Orange Is The New Black, la producción de originales de la plataforma y el lanzamiento de sus temporadas nuevas completas, fomentando el binge watching (el maratón de episodios) sobre el que Netflix había construido su modelo de negocio. El encargado de adaptar el original inglés sería Beau Willimon, dramaturgo que, precisamente, había estrenado, algunos años antes, una obra de teatro titulada Farragut North sobre políticos demasiado ambiciosos, y que George Clooney había llevado al cine como Los idus de marzo.
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Auge y caída de ‘House of Cards’
La serie tuvo una gran acogida desde el principio. Spacey daba el tono justo a Frank Underwood, que nunca cesaba en sus maquinaciones y aportaba humor a su cinismo, y a su alrededor se movían actores cuyos perfiles se vieron elevados gracias a esta ficción, como Michael Kelly (Doug Stamper), Kate Mara, Mahershala Ali o Rachel Brosnahan. House of Cards era, también y de manera evidente, la gran apuesta de Netflix de asaltar los premios Emmy, ganando el premio al mejor director, para David Fincher, por su primer episodio. Conseguiría estar nominada al Emmy a mejor drama en cinco de sus seis temporadas, sin éxito. En los Globos de Oro, sin embargo, sus actores sí se llevarían premio: Robin Wright ganaría por la primera temporada y Kevin Spacey, por la segunda.
Su gran protagonista y uno de sus mayores atractivos para el público sería, de alguna manera, también uno de los culpables de su final. Porque, poco después de que se anunciara que empezaba el rodaje de la sexta temporada, en 2017, el actor Anthony Rapp hacía público, animado por el movimiento #MeToo surgido tras el escándalo alrededor de Harvey Weinstein, que Spacey lo había agredido sexualmente cuando tenía 14 años. Algo que había sido fuente de rumores y hasta de un chiste en Padre de familia en 2005 salía a la luz y generaba una controversia que, aunque Netflix aseguraba que había tomado la decisión con anterioridad, llevaba a que se anunciara que aquella sexta temporada sería la última y, además, Frank Underwood no aparecería en ella. En su lugar, Claire sería la protagonista, después de pasarse años a la sombra de su marido e intentando que este se tomara en serio sus propias ambiciones políticas.
Esos últimos episodios funcionan como reivindicación del rol de Robin Wright en la serie, ya que la actriz dirigió diez capítulos a lo largo de sus temporadas y su personaje, aunque era igual de ambicioso que Frank, era menos pomposo en sus maneras de acercarse al poder.
‘House of Cards’ se estrena el 17 de abril, a las 17:35 h., con un maratón de cinco episodios en AXN.
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