AXN MOVIES

Publicado el 4 de noviembre de 2026

Cuatro películas muy diferentes para sentir la llamada del thriller

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Marina Such

Periodista especializada en series, aunque en otra vida también escribió sobre baloncesto y astronomía.

Tramas de terrorismo, venganzas entre ladrones y policías que lo resuelven todo armadas solo con su sentido común: en el thriller caben muchas historias y subgéneros diferentes.

El thriller es uno de los géneros más clásicos del cine. Se considera que sus elementos principales comenzaron a cimentarse en la década de 1920, pero no sería hasta los 70 cuando gozaría de su mayor popularidad. Su edad de oro se encuadra de hecho, entre esa década y la de 1990, pero thrillers ha habido siempre. Lo único que necesita una película para serlo es crear tensión, mantenerlo durante todo el metraje y someter a sus personajes a situaciones que generan emociones fuertes. Al fin y al cabo, el verbo inglés to thrill quiere decir “emocionar”.

Es un género además, que puede extenderse hacia otros, del terror a la comedia, y que es capaz de tocar algunos de los miedos y preocupaciones más primordiales del ser humano. Por ejemplo, que alguien te obligue a cometer actos terribles porque si no, amenaza con hacer daño a tu familia, que es exactamente lo que ocurre en La conspiración del pánico, dirigida por todo un habitual del género contemporáneo como D.J. Caruso. Era su segunda colaboración con un Shia LaBeouf que estaba aún, en un momento bueno de su carrera y que comparte protagonismo con Michelle Monaghan. Ambos dan vida a Jerry y Rachel, dos desconocidos entre sí que se ven unidos por una misteriosa voz que los llama por teléfono y les ordena llevar a cabo ciertas acciones. Si no las realizan, esa voz los amenaza no solo a ellos, sino también a sus personas más cercanas.

Encaja en el subgénero de “persona corriente en una situación extraordinaria” que además, la pone ante decisiones imposibles que siempre son a vida o muerte, y la tensión y la emoción del asunto es ver si Jerry y Rachel conseguirán librarse de esa presencia amenazadora sin tener que ponerse en peligro. Es un tipo de tensión y suspense que se genera también en Negociador, que nos lleva a una complicada toma de rehenes y a juego dialéctico y psicológico entre el secuestrador y evidentemente, el negociador de la policía.

La era dorada de los 90

Otro director habitual del género, F. Gary Gray, se encargó de esta película idiosincrásica de cómo se veía el thriller en los 90: había tensión, sí, pero casi siempre se añadían un componente psicológico, alguna revelación inesperada y personajes que venían de superar situaciones personales difíciles. En el caso de Negociador, encontramos también cierto aspecto conspiranoico muy de la época, ya que todo arranca con un negociador de la policía (Samuel L. Jackson) acusado injustamente de corrupción y asesinato. Así que decide tomar rehenes en las oficinas del departamento de Asuntos Internos. Su intención es ganar tiempo para investigar por su cuenta y limpiar su nombre y mientras tanto, requiere como negociador de la situación a un compañero de otra comisaría (Kevin Spacey), un tipo metódico que intenta evitar cualquier acción táctica hasta el último momento. Entre los dos por supuesto, acabarán resolviendo el caso, pero tendrán que hacer frente a una trama corrupta dentro de la policía.

Este juego de lealtades cambiantes se refleja también en Payback, adaptación de un libro de Donald E. Westlake que incluye otro componente más a la receta: el de la venganza. Era la primera película como director del guionista Brian Helgeland y contó con Mel Gibson como protagonista de una historia centrada en dos antiguos compañeros, Porter (Mel Gibson) y Val (Gregg Henry), que cometen un atraco en el que logran un sustancioso botín. Val decide quitar de en medio a Porter para no compartir dicho botín y en una maniobra todavía más maquiavélica, convence a su mujer para que le dispare. Ambos lo dan por muerto, pero Porter sobrevive y regresa para conseguir su parte del botín y evidentemente, vengarse de Val.

Todas estas películas son thrillers muy clásicos, en el sentido de que giran alrededor de empresas criminales que hay que evitar a toda costa y se potencian la tensión y la acción. Y luego tenemos toda una ganadora del Oscar a mejor película como Fargo, que se escora ligeramente hacia el lado de la comedia. En concreto, hacia los criminales con pocas luces envueltos en situaciones cómicas, que son tan característicos de los hermanos Joel y Ethan Coen. Ambos ambientan la película en el invierno de Minnesota, con grandes nevadas que lo cubren todo y colocan allí a un pequeño empresario (William H. Macy) que necesita dinero urgentemente. Lo único que se le ocurre es contratar a dos tipos (Steve Buscemi y Peter Stormare) para que secuestren a su mujer y le pidan el rescate a su adinerado padre. Quien investiga todo esto es una policía (Frances McDormand) con una vida de lo más corriente y muy embarazada, que irá tirando del hilo metódicamente y con sentido común.

Es el papel que le dio un Oscar a Frances McDormand y consolidó su carrera, y Fargo se convirtió también en un espejo en el que se miraron muchas otras comedias criminales que seguían su ejemplo de generar el humor gracias a delincuentes que no paraban de meter la pata. Es la muestra de que hay muchas maneras de conseguir un thriller que funcione.

Las películas del especial ‘La llamada del thriller’ de AXN Movies

  • Miércoles 4: Fargo (1996).
  • Miércoles 11: Payback (1999)
  • Miércoles 18: Negociador (1998)
  • Miércoles 25: La conspiración del pánico (2008)