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13 Ago de 2026

‘Speed’ es la película de acción definitiva de los 90

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Marina Such

Periodista especializada en series, aunque en otra vida también escribió sobre baloncesto y astronomía.

Un autobús que no puede frenar nunca, o estallará una bomba instalada en él. Con esa premisa tan sencilla, ‘Speed’ se convirtió en uno de los grandes éxitos del cine de acción noventero.

Las películas más taquilleras de 1994 fueron, por este orden, El rey león, Forrest Gump, Mentiras arriesgadas y La máscara. Es decir, una película de Disney, el fenómeno con Tom Hanks directo a su segundo Óscar a mejor actor, una comedia de acción que reunía de nuevo a James Cameron y Arnold Schwarzenegger y el lanzamiento como estrella cómica de Jim Carrey. La quinta era una cinta puramente de acción, un thriller sin un gran nombre del género al frente y con una sencilla premisa inspirada en la moda de los 70 y los 80 de las peripecias de trenes sin frenos por lugares potencialmente peligrosos. Esa película era Speed.

Era un caso particular porque a priori, nadie apostaba demasiado por ella. Se encuadraba en la tendencia de la época de tener a agentes de la ley muy entregados a la causa enfrentándose a amenazas terroristas por toda Nueva York o Los Ángeles, y que parecían imposibles de detener. La clave estaba en que el terrorista tenía algún tipo de conexión con el policía protagonista que resultaba fundamental para atraparlo. Y eso ocurría en Speed, que representó el salto al estrellato mainstream de Hollywood de Keanu Reeves, que hasta entonces había participado en películas de culto más independientes como Las alucinantes aventuras de Bill y Ted o Mi Idaho privado, donde compartió pantalla con River Phoenix. En 1991 se había enfrentado a Patrick Swayze en Le llaman Bodhi, donde era un policía infiltrado en una banda de atracadores surferos. Aquella película, dirigida por Kathryn Bigelow, sería una buena preparación para Speed.

De qué va ‘Speed’

Reeves interpreta aquí a Jack Traven, agente de la policía de Los Ángeles que logra rescatar a las trece personas atrapadas en un ascensor por un terrorista que ha puesto en él una bomba. Aunque parece que el culpable muere durante el incidente, poco tiempo después explota un autobús urbano en plena calle y el terrorista se pone en contacto con Jack para avisarle de que ha colocado una bomba en otro autobús esta se activará en cuanto el vehículo supere los 80 km/h y estallará si baja de esa velocidad. Así que Jack tiene que subirse al autobús para evitar que eso ocurra, mientras intenta averiguar cómo desactivar el artefacto explosivo y, de paso, atrapar al terrorista.

Esta premisa partió del guionista Graham Yost, muy conocido actualmente por su participación en series como Hermanos de sangre, Justified o la más reciente, Silo, y que tuvo la idea al hablar con su padre de El tren del infierno, una película de 1985 en la que Jon Voigt y Eric Roberts eran dos presos fugados que se veían, de repente, en un tren sin frenos por Alaska. Yost trasladó la acción a un autobús urbano y añadió el componente de la bomba que explotaba si frenaba por debajo de una velocidad determinada. Consiguió interesar a un director de fotografía con experiencia en el género de la acción como Jan de Bont, que había trabajado en La jungla de cristal y La caza del Octubre Rojo, y que acabaría debutando como director con Speed después de que otras opciones para hacerse cargo de ella, como John McTiernan, Michael Bay o Quentin Tarantino, no cuajaran. En el guion participó también, aunque sin acreditar, Joss Whedon, que reescribió la gran mayoría del diálogo de la película o, en palabras del propio Yost, el 98,9%.

Y con estos mimbres, los productores se pusieron a buscar a los protagonistas, que al principio pretendían que fueran Stephen Baldwin y Halle Berry. De Bont, sin embargo, quería a Reeves, que terminó superando las reticencias del estudio. Y para interpretar a Annie, la pasajera que asume la conducción del autobús cuando empiezan los problemas más serios, se eligió a Sandra Bullock, que hasta entonces había estado trabajando en televisión y en pequeñas películas hasta el año anterior, donde había tenido un rol secundario en Demolition Man, junto a Sylvester Stallone. Speed fue su lanzamiento a la fama, sobre todo porque gran parte de la trama transcurría en el autobús y la película se esforzaba por construir como personajes a Jack y a Annie y desarrollar su relación para que el espectador se preocupara por ellos conforme se aproximaba la confrontación final con el villano. Que no era otro que Dennis Hopper.

El éxito y el intento de franquicia

La sencillez del punto de partida, el mantenimiento de la tensión durante todo el metraje (logrado gracias a una labor de montaje que se llevó el Oscar) y la relación entre los personajes de Keanu Reeves y Sandra Bullock, más el lado socarrón y carismático del terrorista de Hopper, obraron la magia en la taquilla y Speed recaudó más de 300 millones de dólares cuando había costado menos de cuarenta. Facilitó que Jan de Bon dirigiera después Twister, con su lado de película de catástrofes con cazadores de tornados, y que Bullock comenzara su reinado en los 90 con películas como Mientras dormías o Tiempo de matar. Reeves, por su parte, atravesó un pequeño bache comercial hasta que cerró la década con Matrix.

El éxito de la película no podía dejarse pasar, así que en 1997 se estrenó una secuela, Speed 2, con el triple de presupuesto que la primera, con Jan de Bont de nuevo tras las cámaras y con Sandra Bullock repitiendo su papel. Pero a Keanu Reeves no le gustó el guion y fue sustituido por Jason Patric, que interpretaba al novio de Annie, con quien se subía en un crucero de lujo por el Caribe. El barco era secuestrado por un terrorista (Willem Defoe) que pretendía hacerlo chocar contra un petrolero, pero terminaba encallando en una isla, una secuencia que se comió un cuarto del presupuesto de la película y que, en aquel momento, se convirtió en la escena de acción más cara y de mayores dimensiones nunca rodada.

Nada de eso sirvió para llamar la atención del público ni para conseguir que la crítica fuera tan benévola con la secuela como con la original y, ademas, el director John McTiernan llegó a afirmar que buena parte de la trama se había desarrollado para la secuela de La jungla de cristal y, en su lugar, el estudio había decidido que transcurriera en Speed 2. Pero la apuesta no funcionó.

Y sin embargo, Keanu Reeves lleva los últimos diez años hablando de que no le importaría ser de nuevo Jack si tenía la oportunidad de trabajar otra vez con Sandra Bullock, con quien hizo en 2006 la película romántica La casa del lago. No parece, de todos modos, que haya un compromiso firme para rodar una tercera película de Speed.