Investigar las secuelas de un crimen significa internarse en la mente del asesino. Pero cuando la víctima desaparece sin dejar rastro, la tarea es infinitamente más ardua. Se necesita recomponer la personalidad del desaparecido y reconstruir los elementos únicos y fundamentales que han marcado sus últimos momentos antes de desaparecer. Y ahí es donde empieza el trabajo del Departamento de Personas Desaparecidas del FBI con sede en Nueva York.