Allí donde haya un caso criminal que tenga relación con la religión, el Vaticano envía a uno de sus mejores hombres para colaborar en su investigación: el padre Simon Castell, delegado especial del Vaticano.

Tan pronto como el Secretario Papal le hace entrega de toda la información necesaria, el Padre Castell deja su querida Roma, donde le gusta disfrutar de su tiempo libre viendo el fútbol en una pequeña trattoria, y se dirige al lugar de su próxima misión.